AGUADA: NOMBRE DE UNA ZONA, UN BARRIO Y UN CLUB ROTARIO
Dentro de las murallas de Montevideo colonial, había pocas fuentes naturales de agua potable, los pozos, difíciles de excavar por el suelo pedregoso, daban agua salobre, y los aljibes eran raros por las dificultades de excavación y porque la mayoría de las edificaciones carecían de techos apropiados para recoger el agua de las lluvias.
Cuando la población creció, se recurrió a las fuentes extramuros de la “Quebrada de los Manantiales”, ubicada aproximadamente donde hoy está el Banco Central, que rápidamente se deterioraron por sobreutilización.

Entonces fueron remplazadas por los manantiales y la cañada del extenso bajo arenoso que rodeado de pequeñas elevaciones rocosas, sobre las que hoy se encuentran el Palacio Legislativo (al norte), la avenida 18 de julio (al sur) y la avenida Fernández Crespo (al este), estaba más allá, sobre el extremo sur de la costa este de la bahía como es señalado ya en los primeros mapas y planos de la zona.

En el bajo se abrieron numerosos pozos; los más renombrados fueron los “Pozos del Rey”, bastante profundos, algunos de los que todavía están bajo los edificios de la Avenida del Libertador y de las calles La Paz y Pozos del Rey.
Los “aguateros” llenaban con el agua de esos pozos los barriles que portaban en caballos, o en carretas tiradas por bueyes cuyas grandes ruedas destruían calles y caminos, y la vendían puerta a puerta en la ciudad por “canecas” (envases de barro vidriado de 10 lts).

En 1794, el paisajista italiano Ferdinando Brambilla dejó una vista de Montevideo desde una altura ubicada al noreste del bajo (aproximadamente donde hoy está la Iglesia de la Aguada); se considera la primera representación fidedigna de una zona de la ciudad colonial que entonces tenía 68 años.

En 1807, año de las Invasiones Inglesas, por J. Meringot dejó otra vista de Montevideo desde el campamento de los sitiadores británicos en un alto al noreste del bajo de la Aguada.

Las fuentes de agua potable fuera de las murallas hicieron vulnerable a la plaza fuerte de Montevideo; para rendir a los españoles, en 1807 los ingleses las ocuparon, y en 1813 los patriotas las cegaron o contaminaron.
En la época colonial, Montevideo fue el Apostadero de la Flota Española que vigilaba el Atlántico Sur, y un puerto muy frecuentado por naves comerciales de la metrópoli.
Sus marineros “hacían la aguada”, es decir, las aprovisionaban con agua potable de esas fuentes, con botes en los que portaban grandes barriles.

El bajo pasó a llamarse “Aguada de la Marina” o simplemente “Aguada”.
En las laderas norte y este que rodean al bajo se establecieron pobladores, molinos, y algunas quintas y comercios.
En 1793, en la actual esquina de Rondeau y Cerro Largo, se construyó una pequeña capilla dedicada a la Virgen del Carmen. Hacia 1813, fue demolida por necesidades estratégicas de la defensa militar de la ciudad.
En 1821 se comenzó a construir su reemplazante, una capilla en que se reunió la Asamblea General Constituyente y Legislativa de 1829, y se aprobó la ley de creación del escudo nacional.
Luego fue reemplazada por el primer edificio monumental de la zona: la actual Basílica Nuestra Señora del Carmen, conocida como Iglesia de la Aguada que fue terminada a fines del siglo XIX.


En la década de 1930, por el ensanche de la Diagonal Agraciada (hoy Avenida del Libertador Brigadier General Juan Antonio Lavalleja), la Basílica perdió su fachada neoclásica, su pórtico y sus torres, y se construyó la fachada y el campanario lateral que posee en la actualidad.
Desde comienzos de la década de 1830, en las zonas elevadas que están al sur del bajo arenoso, se comenzó a construir la Ciudad Nueva.
Hacia 1840, durante la Guerra Grande, estuvo en Montevideo el militar, dibujante y acuarelista francés Adolfo D’Hastrel, que pintó varios paisajes de la bahía.
Uno de ellos pinta La Aguada desde el punto de vista opuesto al de la pintura de Brambilla y registra accidentes geográficos, personajes típicos, y cómo en el medio siglo pasado entonces, en la zona habían aumentado sus construcciones.

Poco a poco el núcleo poblado original creció hacia la periferia y se fusionó con los núcleos poblados vecinos, y se convirtió en un barrio de Montevideo que conservó el nombre de La Aguada.
Avanzado el siglo XIX el barrio se dinamizó por la instalación de servicios para suministros y transporte:
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La plaza de Frutos de la Aguada donde hoy está el Palacio Legislativo. |
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El Ferrocarril Central del Uruguay con su monumental estación central (1897), su playa de maniobras y sus galpones de depósito. |
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Numerosas “barracas de productos del país”, a lo largo de las actuales calle Paraguay y Avenida Rondeau. |
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Obras portuarias para cabotaje y pesca, que le dieron a la zona una nueva y diferente vinculación con el agua. |
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En 1884, en una litografía, A. Godel registró el aspecto de Montevideo desde las torres de la Iglesia del Reducto que muestra que entonces la Aguada ya estaba bastante poblada y cultivada.
Este crecimiento exigió importantes obras de relleno, y la consecuente creación de una nueva costa artificial al oeste de la natural, que estaba aproximadamente a la altura de las actuales calles Paraguay y Rondeau.

A medida que se ganaba terreno, se agregaron depósitos.

Y sobre la costa de la bahía se instalaron dos clubes de remeros: Rowing (1874) y Nacional de Regatas (1888).

En la primera mitad del siglo XX, la urbanización de la zona se enriqueció con tres nuevos emprendimientos monumentales.
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La Facultad de Medicina (1910) |
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El Palacio Legislativo (1925) |
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La Diagonal Agraciada (hoy avenida del Libertador) |
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Con el avance del siglo XX, el barrio La Aguada modificó su apariencia, pero no disminuyó su pujanza.
El ferrocarril, sus instalaciones y los establecimientos comerciales vinculados decayeron.
Pero sucesivamente se construyeron:
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Un Mercado Agrícola. |
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Varias instituciones de enseñanza. |
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Dos tiendas por departamentos. |
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El Palacio de la Luz y los almacenes de UTE. |
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Primer dique flotante de la compañía de Emanuel Regusci y Alberto Voulminot. (1926) |
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Hidropuerto de una compañía aérea de pasajeros (CAUSA) (1938) |
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El edificio de las Comisiones del Poder Legislativo. |
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Incontables torres de apartamentos. |
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La Torre de las Comunicaciones de Antel y más recientemente, el edificio Aguada Park.
VIDEO DE LA EXPOSICIÓN DEL CR. RICARDO LOMBRADO SOBRE LA TORRE DE LAS COMUNICACIONES |
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Los nuevos accesos a Montevideo. |
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Sucesivas ampliaciones de la principal planta de generación termo-eléctrica de UTE. |
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Relleno de la bahía para nuevas ampliaciones de depósito portuarias. |
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El poblamiento de la zona, y las obras de urbanización y portuarias modificaron el flujo del agua.
A fines del siglo XIX, con las lluvias torrenciales, las calles en pendiente se transformaban en ríos, y las zonas bajas se inundaban.
El drenaje de aguas pluviales se ha mejorado, pero no ha solucionado definitivamente el problema.

La Aguada se resiste a perder su histórica vinculación con el agua.
Hoy, el barrio de La Aguada es muy diferente al arenal que hace 220 años pintó Brambilla

También difiere del núcleo poblado que hace 174 años pintó D’Hastrel.

Nuevas realizaciones y proyectos, en especial los relacionados con el aumento real y esperado de las actividades portuarias, siguen modificando su aspecto:
1.- La Terminal Granelera de Montevideo.

2.- El Muelle C.

3.- Transformación de parte de la Rambla Portuaria en un Viaducto elevado.
Fotografía del probable aspecto del inicio Norte del mismo. (Fotografía personal y simulación del Diario El País)
En la actualidad la jurisdicción municipal del Barrio La Aguada incluye el primitivo bajo de la Aguada de la Marina, claramente reconocible en la actual Avenida del Libertador, extendido por los rellenos realizados en las obras portuarias y las zonas altas agregadas, mucho más extensas, que lo prolongan hasta las calles General Aguilar (hacia el norte), y Arenal Grande (hacia el este).

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En el año 1967, en La Aguada, como una manifestación más y no menor de la pujanza del barrio que alberga importantes órganos de la ciudad y el país (Palacio de las Leyes, generación de energía, telecomunicaciones, trasporte terrestre y fluvial, comercio de productos del país, importantes institutos de enseñanza, etc.), un destacado grupo de empresarios con vocación de servicio, fundó un Club Rotario al que denominó Rotary Club Aguada.

En sus 50 años de vida, el compañerismo, la tolerancia, y la permanente disposición de servir de sus miembros, le dieron una sólida coherencia.
Esa coherencia permitió que Rotary Club Aguada realizara innumerables Programas de Servicio a la comunidad, que en muchos casos han tenido un significado semejante al del fluido vital con que en el pasado la zona surtía a la ciudad y a los buques de su rada.



















